Thursday, November 14, 2013

Sofía, la que no quiere vivir en Costa Rica (CR)

Muchos no aprobaron de la actitud de la pobre Sofía una vez que salió este artículo en un periódico nacional. Aunque llegue tarde a la conversación, quisiera agregar las observaciones de alguien que vive fuera del país y que espera algún día regresar a su tierra.
Apuntaría primero que todo que los deseos de Sofía no deberían ser exclusivos de “muchachos de tan alto nivel intelectual, y con una formación y capacidad crítica admirables”, como dice la autora del artículo, sino que son los derechos de todo costarricense, y por lo tanto, deben ser exigidos por todos, sobre todo, en este momento de elecciones.
La costumbre hace que uno se fije menos en esos detalles que nos complican la vida. De ahí que muchos, postulo, ya no se den cuenta de todas las cosas que no hacen automáticamente por estar pendientes de no ser objeto de un asalto callejero o de un robo residencial, de los cuales yo he sido víctima. No hay que menospreciar la idea de andar en paz en la calle, con su computadora portátil o teléfono celular o de poder salir y dejar la casa sola sin tener que preocuparse de nada, que si lo asaltan en la calle o si lo esperan de vuelta a las mil y quinientas cuando regresa a su casa para despojarlo de su carro, como le pasó a un familiar mío. Esas costumbres nos quitan un poco de libertad, de paz y de serenidad y que se acepten como habituales no significan que sean normales. Las comparaciones son siempre odiosas y no solucionan nada. Decir que estamos mejor, peor o igual a otro país, escoja usted México o Brasil, no mejora las condiciones de nuestro país. Me interesa el bienestar de mi tierra porque ahí viven mis familiares, mis amigos y mis compatriotas. Una vez que nuestra situación colectiva haya mejorado, me preocupo de lo que pueda suceder en otro país.
Despego con la idea de que las quejas de Sofía son parte de un síntoma de la enfermedad que vive CR: nuestra sociedad ha dejado de funcionar para el bien de todos. No es solamente la delincuencia y la corrupción de la clase política lo que aflige a CR; sino también la burocracia kafkiana, a nivel educativo, legal, laboral, legislativo y de salud pública, que hace de cualquier trámite un laberinto de penitencias, ridículas y anticuadas, para el ciudadano común y silvestre, que solamente quiere hacer su vuelta y regresar a la rutina de su vida.
Nada retrata mejor la situación nacional que su tráfico vehicular. Cualquier viaje que hace años tomaba 15 o 20 minutos ahora se torna en una asfixiante, lenta, agresiva y vulgar aventura de muchísimos minutos más dependiendo la hora del día, lo cual únicamente refleja la falta de previsión de las autoridades competentes que deberían, en su momento, haber analizado si la infraestructura vial estaba en condiciones de soportar los numerosos automobiles que ahora hay en el país.
Este fenómeno que empezó a mediados de los años noventa ha empeorado año tras año. ¿No ha sucedido lo mismo con los otros problemas que enfrenta el país? El deterioro nacional a cualquier nivel que usted quiera considerar, es la consecuencia de no haber hecho nada o de no haber podido hacer nada por la intervención de otros con más poder, años atrás. Si el momento actual no es considerado es crítico, apuesto que cuatro años más, con los actores políticos tradicionales, sin soluciones y sin respuestas, será así catalogado por la mayoría de los costarricenses.
Posiblemente si alguien lea estas líneas, se preguntará con qué derecho manifiesto estas reflexiones si logré el sueño de Sofía, vivir fuera de CR sin estar obligado al regreso.
Continúo otro día

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